Y ahí va el último capítulo del libro tal cual lo escribí en el año 2002. ¿Cambiaría algo si volviera a escribirlo? Seguramente añadiría muchas cosas, pero el mensaje vendría a ser el mismo.
“Muchas veces, no siempre, podemos escoger entre el camino que aquel imprevisible y supuestamente prefijado destino nos fija y el que nuestra conciencia o nuestros sueños pretenden dibujar. Será el momento, entonces, de decidir qué clase de personas somos o queremos ser.”
J. Urbique
7. ¿EXISTIRÁ ALGUNA ESCUELA DE LA ALEGRÍA ALGÚN DÍA?
J. Urbique
7. ¿EXISTIRÁ ALGUNA ESCUELA DE LA ALEGRÍA ALGÚN DÍA?
No lo sé... Al respecto se me presentan sentimientos muy contradictorios: de una parte me siento pesimista porque la gente acostumbra a ser muy conformista y aquello de romper estructuras a muchos los puede dar miedo, o quizás pereza. Por otra pienso que hay mucha gente que como yo no está lo suficiente contenta y que con su ayuda podríamos generalizar esta valoración y empezar a andar todos unidos hacia la construcción de un nuevo mundo.
Hace pocos días un Psicólogo y Profesor de una Universidad de Maestros amigo mío, que había leído los primeros capítulos de este libro me preguntaba: “¿Por qué eres tan extremista? ¿Por qué todo o nada?" Y no es esto, compañeros, no es esto... Con sólo que mis escritos sirvieran para cambiar algo yo ya estaría algo contento, ¡y no os podéis imaginar cuan satisfecho estaría si pudiéramos cambiar unas cuántas cosas! Ya he escrito, pero, antes, que los listones altos siempre te harán saltar más arriba y que con la búsqueda de una utopía siempre llegaremos más lejos...La misma persona me explicaba que en algunos países se están llevando a término experiencias puntuales muy en la línea del que yo defiendo, pero yo le respondí que cuatro hormigas no hacen un hormiguero, y mucho menos si están separadas por miles de kilómetros.
No os negaré que si nunca consiguiera reunir a un montón de gente, de familias y maestros, que básicamente pensaran como yo y estuvieran dispuestos a construir conmigo una sola Escuela de la Alegría, para mí sería un verdadero sueño el poder realizar aquello que tanto deseo. Mi espíritu, pero, no volará libre del todo hasta que todos los niños del mundo, sin el menor asomo de discriminación, se puedan desarrollar física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, en condiciones de libertad y dignidad, con buena salud y con todas las ayudas necesarias si sufren carencias, con todo el amor y la comprensión que demanden o necesiten, recibiendo una educación gratuita y obligatoria que favorezca la igualdad de oportunidades y que garantice, aparte de una cultura general básica, el poder desarrollar sus aptitudes, su entendimiento individual y su sentido de la responsabilidad moral y social, pudiendo disfrutar plenamente de juegos y recreos y siendo educados siempre en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal. ¿Os parece que soy demasiado exigente? ¿Y que pensaréis si os digo que acabo de resumir, empleando con fidelidad las mismas palabras que en ellos he encontrado, algunos artículos de la Declaración Universal de los Derechos del Niño que hace más de treinta años que se aprobó?
Si leéis mi libro y empezáis a subrayar las cosas que no os gustan seguramente lo marcaréis bastante, pero no olvidéis también resaltar con otro color todas aquellas ideas o reflexiones que os hayan parecido positivas. Y entonces, sólo entonces, haced la valoración a partir únicamente de dos opciones: “Todo va bien y no se precisan cambios” o “Todo es mejorable y si nos unimos podemos luchar por un reto apasionante: Educar en el Goce y construir una nueva sociedad más justa y feliz...”. ¿Existirá alguna Escuela de la Alegría algún día? ¿Existirán muchas? ¿Todas las escuelas del mundo se podrán poner esta etiqueta? Ahora ya no depende sólo de mí… También depende de ti… Sí, de ti… ¡Tú, que me has estado leyendo!















































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