lunes, 3 de mayo de 2010

Una nueva pedagogía del goce en la educación de los niños...

“Únicamente quien no hace ningún esfuerzo está libre de poder fracasar.”
Whatey



5. REFORMEMOS LAS ESTRUCTURAS Y
REEDIFIQUEMOS LAS ESCUELAS...



Lo primero que hace falta hacer si realmente queremos que la nueva pedagogía del goce parta con el máximo de garantías de éxito es aceptar verdaderamente que la educación de los niños empieza al nacer y que la escuela debe empezar a responsabilizarse de la parte que le toca desde entonces. Supongamos, por un momento, que todos los centros educativos ofrecen la posibilidad de iniciar su relación con los niños y las familias desde que nacen. Supongamos por un momento que a las familias trabajadoras les ofrecemos dejarnos a sus hijos a nuestra “Llar d’Infants” (Hogar de Niños) desde que se acaba el permiso de maternidad. Supongamos también que a las familias que no necesitan o no desean dejarnos a su hijo hasta más adelante las damos ya la bienvenida y las ofrecemos el acceso a un espacio lúdico pleno de seguridad y de recursos donde poder venir con sus pequeños durante unos ratos diarios o semanales, para iniciar con ellos la integración a la escuela. Supongamos que, así, la inmersión de todos y cada uno de nuestros alumnos en la lengua vehicular, en los hábitos, en los aprendizajes básicos y en muchos otros aspectos no se inicia a los tres años, sino mucho antes. Supongamos también que la dificultad de la inmersión citada se iguala por Ley para todos las escuelas en base a una distribución de la diversidad equitativa y fijada en cada momento por la estadística del pueblo, del barrio o de la ciudad que define la procedencia de los alumnos que van a empezar. Suponed todo esto y después respondedme sinceramente: ¿no sería una fantástica forma de aumentar el nivel global del punto de partida y a la vez de igualarlo muchísimo más?
Contamos, pues, con una escuela que empieza a trabajar con las familias desde que estas muestran su interés para confiarnos aquel hijo que están esperando y con los alumnos desde que son todavía bebés. ¿No os parece, de entrada, una muy buena idea? Una escuela que empieza con la vida del niño,… ¿y que le acompaña hasta cuándo? ¿Hasta los doce años? ¿Y seguimos manteniendo la injusticia creada por la Reforma que asegura a unos alumnos una línea de continuidad más corta que a otros? ¡Ni hablar! Nuestra escuela, sea pública o privada, ¡debe mantener un plazo de continuidad mínimo e igual para todos! Yo me conformaría ahora mismo con una oferta educativa básica que asegurara la permanencia en un mismo Centro Educativo hasta los dieciséis años, o sea hasta cuarto de Secundaria. Que alguien me dice: ¿y porque no llevarlos a todos hasta la Universidad? Mi respuesta no sería negativa, siempre y cuando en todas las escuelas se mantuviera la misma oferta…
Si seguimos suponiendo nos encontramos con una escuela que imparte la educación durante 3 etapas: la Educación Infantil, la Primaria y la Secundaria; 3 etapas que comportan 7 ciclos diferentes: Llar d’Infants, Parvulario, Inicial, Mediano y Superior de Primaria y los dos de Secundaria. Una escuela, por lo tanto, que implicará enseñar a niños de edades e intereses muy diferentes y que tendrá que adaptarse estructuralmente a esta diversificación. Esta deberá ser, pero, una adaptación a muchos y diferentes niveles (programático, de recursos materiales e instalaciones, de recursos humanos, etc.), una adaptación que deberá asentarse en una realidad asumida con todas sus consecuencias y que hoy me parece a mí que está algo olvidada: todos nuestros alumnos, desde los más pequeños hasta los mayores, son niños y como tales deben ser tratados. Tienen todos y todas unos derechos y unas necesidades básicas que deben ser respetados. Si de verdad nos creemos esto y actuamos fielmente a este principio quizás conseguiremos que los cambios de ciclo y, sobre todo, de etapa educativa, no sean tan radicales y demasiado a menudo traumáticos y causa de fracaso. Fijémonos, por ejemplo, en “el terrible” paso de la Educación Infantil a Primaria: sólo hace cuatro días que, reunido con los padres y madres de p-5 de mi escuela, anunciaba que los niños estaban ya próximos a finalizar una etapa de su vida y a la vez una etapa educativa. Les hablé de la ancianidad del bebé que acababa muriendo con la caída de los dientes lechales para dejar nacer al “niño”. Recuerdo también que les dije que era el fin de algo maravilloso pero que no debían entristecerse puesto que el nuevo periodo debía ser igualmente precioso. Lo que no les dije, pero, es que la flexibilidad y la globalidad que hace de la Educación Infantil algo mágico y casi siempre extremadamente motivador: el cantar y bailar siempre que queremos, el explicar cuentos o historias cada día, el tener muchos y variados rincones de juego en la misma clase, el disfrutar de los títeres y del teatro, el ser flexibles con el horario, el disfrutar de un largo rato de recreo, el presentar cada aprendizaje como un juego,... No les dije que todo esto, o casi todo, se acabaría y que muy probablemente en algunos casos, o en muchos, se iniciaría después un camino en el cual aquellos niños y aquellas niñas cada día serían considerados más “grandes”… Y les irían aumentando los niveles de esfuerzo, de responsabilidad y de exigencia hasta conseguir que la escolaridad disfrutada se convierta en una escolaridad asumida con más o menos buen agrado como obligada. Y no se lo dije porque siempre he creído que los caminos de la vida deben ser valorados por quien la debe vivir y que son los niños y sus familias quienes deben enfrentar el futuro y decidir el cómo y valorar las vivencias según su forma de ser. Así, cuando alguna vez alguna madre en la que confiaba plenamente me explicaba que iba a cambiar de colegio a su hijo o a su hija porque quería una escuela que le asegurara unos niveles académicos “excelentes”, yo me limitaba a asentir y a decirle que aquella decisión era única y exclusivamente responsabilidad de los padres. O cuando, no hace demasiado, la madre de un exalumno que ya está cursando 3º de primaria, me explicaba que su hijo no quería ir nunca a la escuela y que todavía, muchas veces, pedía en casa mirar el álbum de fotos que habíamos hecho en el Parvulario y yo le respondía que ya lo iría superando... Cuántas veces, pero, hubiera vaciado mi alma y gritado bien fuerte: “No les rompáis la infancia, no liquidéis sus ilusiones, dejadlo o dejadla vivir aquello que nunca jamás podrá volver a vivir...” Con las mismas fuerzas que gritaría a no pocos compañeros de los que trabajan más arriba que yo: “¿Quien demonios os ha dicho que los niños se hacen mayores? Su cuerpo crece, sí, y debéis ayudarlo a hacerse recio, pero dejad de una vez de encarcelar sus espíritus con esfuerzos pesados y con deberes y responsabilidades exagerados… ¡Dejadlos volar por el cielo de los ángeles juguetones y aprovechad sus ansias de vivir para enseñarlos a vivir también en los aprendizajes!” No, amigos, lo siento demasiado adentro y lo debo decir: “Los niños, mientras son niños, ¡nunca se hacen mayores!” Me gustaría añadir que sería guapo sacar de esta sentencia la aclaración de “mientras son niños” para darle futuro hasta la vejez, pero en este mundo tan serio que vivimos quizás más de un avispado relacionaría mi deseo con el síndrome Peter Pan y me adjudicaría la etiqueta de loco...
Reformamos, así, las estructuras y demos una larga vida a nuestros alumnos en nuestra Escuela de la Alegría, una larga vida que los forme integralmente en todas las áreas de aprendizaje y humanamente como futuras personas, una vida que sea vivida en todas las edades y momentos con alegría y motivación.
Reformemos, pero, también las instalaciones, o adecuémoslas a nuestras necesidades. En este campo mi planteamiento podría ser utópico y exigir lo que realmente seria el ideal: unas escuelas sitas en plena naturaleza con edificios y zonas deportivas y de recreo separados para cada etapa, con todos los espacios interiores necesarios para complementar de forma adecuada todo aquello que las nuevas exigencias pedagógicas precisarán (gimnasio, aula de audiovisuales, pequeño teatro, laboratorio, biblioteca, ludoteca, aula de música, comedor, sala de descanso y salas de reuniones para el profesorado, etc.), con unas clases llenas de luz en las cuales la luz artificial se tuviera que emplear pocas veces, unas clases que, además de resultar decorativamente acogedoras mantuvieran en todos los niveles unos espacios libres para poder montar diferentes rincones alternativos (de ordenadores, de juego, etc.), con un mobiliario (sillas, mesas, armarios, corchos, etc.) estudiado para conseguir a la vez que todo pueda tener su lugar y que aquellos trabajos individuales o grupales que obliguen a restar sentados a maestro y/o a los alumnos posibiliten no ofrezcan otra sensación que la de confortabilidad, unas clases dotadas de todos los equipamientos, materiales y recursos que la necesidad educativa y la modernidad comportan, etc. Podría no exigirlo y sólo pedirlo, ¡pero sé que todo esto es tan difícil de conseguir! El que si puedo hacer es recordar que ya se han hecho varios estudios sobre los efectos que la calidad de los entornos espacial y ambiental tienen sobre la rentabilidad de los procesos educativos y que en todos ellos se ha demostrado que una mejor dotación de espacios y recursos garantiza siempre unas mayores expectativas de éxito. Y lo que puedo hacer también es suplicar que todas y cada una de las Administraciones Educativas y de las Direcciones de los Centros tengan en cuenta esta realidad y que asuman el firme propósito de, dentro de sus posibilidades, aproximarse cuando más mejor al modelo que yo he planteado o al que plantee cualquier otro ideólogo que parta de unos principios que deberán ser inalterables: que todas las escuelas tuvieran la máxima cura y llevaran a término las necesarias inversiones para acontecer algún día Centros modélicos en la calidad y la cantidad espacial interior y exterior, en la dotación de recursos y materiales educativos, en la diversificación y multiplicación de posibilidades de toda clase de aulas y en el asegurar para cada espacio y para cada situación la seguridad y la comodidad de todos aquellos que trabajamos y que estudian o aprenden en la escuela.
Este sueño, pero, no podrá ser nunca una realidad mientras toda la sociedad no entienda que una de sus primeras prioridades debe ser la inversión en la Educación. Y con la sociedad lo deberán de entender también los políticos, y todos tendrán que aceptar con urgencia la cada vez más clara Ley que dice que el mundo no será realmente de todos y para todos hasta que la igualdad en las posibilidades educativas no se establezca. Y si todos unidos luchamos para que esta igualdad se de en la formación integral de las futuras personas y en la disponibilidad de amplios y ricos recursos educativos, entonces seguro que en nuestro mundo renacerá una esperanza que hace demasiado tiempo que muchos hemos perdido y que a muchos otros les ha dejado de preocupar.
Si realmente reestructuramos la educación y reedificamos todas las escuelas como he apuntado acabaremos, seguro, con la cada vez más abierta polémica que enfrenta a Centros Públicos y Privados. Las familias, así, optarán por una opción u otra guiados por unos criterios que nunca se alejarán demasiado de la sencilla proximidad, de la religiosidad verdaderamente asumida o de la elección de alguna otra lengua vehicular derivada de la procedencia extranjera o del deseo. Nos aseguraremos quizás también, y lo siento si alguien se molesta por lo que voy a decir, el acabar con la especulación de las promesas académicas y con algunas “empresas” que comercializan con los sueños de padres y madres utilizando a sus hijos más como fuente inagotable de ingresos económicos que no como portadores de unos derechos derivados de la infancia.


EN FASE DE PREPARACIÓN: P.E.V.I. El Proyecto de Educación de la Visualización Interior. Muy pronto os informaré más ampliamente pero si os interesa profundizar en el tema os recomiendo releer o leer una entrada que hice en el año 2009 (para hacerlo clicad AQUÍ) . Para estar al día no olvidéis que podéis suscribiros vía mail al blog

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El vídeo de Presentación

La Escuela de la Alegría: el vídeo que emocionó a todo un Congreso from Miquel Beltran on Vimeo.

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El video de Presentació de l'ESCOLA DEL GAUDI

Escola del Gaudi. Educar amb la vida per a la vida. from Miquel Beltran on Vimeo.

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Una orientación breve para las Colecciones "¿Hablamos?"

INTRODUCCIÓN PRESENTACIÓN Y TRATAMIENTO DE LAS IMÁGENES 1º- Se presenta la imagen y se pide al niño o a los niños que expliquen lo que ven, lo que les sugiere, lo que les provoca... El adulto interviene solo si es necesario para esclarecer algo de lo dicho. 2º- Se leen el título y la reflexión de la ficha adjunta. Se vuelve a abrir el diálogo pero ahora el adulto actua como conductor, ampliando las explicaciones del niño o de los niños, introduciendo reflexiones y otros temas que se puedan derivar y profundizando sobretodo en aquello que pueda interesar o preocupar más al niño o al grupo. En el caso de presentación grupal se buscará la participación de todos y todas. 3º- Para acabar se invita al niño o a los niños a volver a mirar la imagen. Si procede se abre otro turno de palabras y se cierra la sesión planteando la conclusión.
Sssssh! Parece ser que se durmieron... Pero, ¿quien fue el gracioso que olvidó ponerles pañales? ¿No veis como nos dejaron el mundo? ¿Y el sistema educativo? Anda que no, parece que siguen buscando el santo grial...
¡Ei! ¡Vosotros! A despertarse... Que os toca... Vaaa! ¿Que qué os toca? Arreglar el mundo, claro... ¿Cómo que no estais preparados? ¿Y? Anda, no os preocupeis, que ya os prepararemos nosotros... Firmeees! Argh! Dos y dos son cuatro cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciseis... Ahora in Inglisss...